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martes, 5 de mayo de 2015

Mesa Redonda: LA HISTERIA Y EL PSICOANÁLISIS. 159 aniversario del nacimiento de Freud. 6 de mayo a las 18.30 hs.

Miércoles, 6 de mayo a las 18.30 hs. Mesa Redonda: La Histeria y el Psicoanálisis.
Organizado por el Grupo de Trabajo de Psicoanálisis, del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.
Ponentes: Paola Duchên, Susana Lorente, Manuel Menassa y Virginia Valdominos.
Podéis asistir presencialmente en Madrid, y también online, desde cualquier lugar del mundo, enviando un mail a: formación@cop.es solicitando asistir online a la Mesa Redonda.
El 6 de mayo se celebra el 159 aniversario del nacimiento de Sigmund Freud.
Estáis tod@s invitados!!
Lugar: Cuesta de San Vicente, 4 5ª Planta.
(Metro: Plaza de España)
Entrada libre para todo el mundo hasta completar aforo.
En diciembre de 2013, el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, aprobó la constitución de un Grupo de Trabajo de Psicoanálisis, dando un paso importante en la pluralidad de opciones de formación que tienen los psicólogos en Madrid y en España actualmente. Un grupo de psicólogos, con amplia trayectoria profesional en el ámbito de la clínica y de los recursos humanos, con una sólida formación en el campo de la psicología y el psicoanálisis, y que a su vez son psicoanalistas de reconocida trayectoria, hicieron posible este acto pionero.

viernes, 27 de marzo de 2015

EL PROBLEMA ECONÓMICO DEL MASOQUISMO. (1924). SIGMUND FREUD



 "Enamorados de la Plaza de Toros". Miguel O. Menassa. 2008



El problema económico del masoquismo - 1924

La aparición de la tendencia masoquista en la vida instintiva humana plantea, desde el punto de vista económico, un singular enigma. En efecto, si el principio del placer rige los procesos psíquicos de tal manera que el fin inmediato de los mismos es la evitación de displacer y la consecución de placer, el masoquismo ha de resultar verdaderamente incomprensible. El hecho de que el dolor y el displacer puedan dejar de ser una mera señal de alarma y constituir un fin, supone una paralización del principio del placer: el guardián de nuestra vida anímica habría sido narcotizado. El masoquismo se nos demuestra así como un gran peligro, condición ajena al sadismo, su contrapartida. En el principio del placer nos inclinamos a ver el guardián de nuestra existencia misma, y no sólo el de nuestra vida anímica. Se nos plantea, pues, la labor de investigar la relación del principio del placer con los dos órdenes de instintos por nosotros diferenciados -los instintos de muerte y los instintos de vida eróticos (libidinosos)-, y no nos será posible avanzar en el estudio del problema masoquista antes de haber llevado a cabo tal investigación.

martes, 17 de febrero de 2015

MÁS ALLÁ DEL PRINCIPIO DEL PLACER. SIGMUND FREUD. 1920



Cuadro: La gruta del conocimiento. Miguel Óscar Menassa. 2003

Más allá del principio del placer. Sigmund Freud.1920.

I En la teoría psicoanalítica suponemos que el curso de los procesos anímicos es regulado automáticamente por el principio del placer; esto es, creemos que dicho curso tiene su origen en una tensión displaciente y emprende luego una dirección tal, que su último resultado coincide con una minoración de dicha tensión y, por tanto, con un ahorro de displacer a una producción de placer. Al aplicar esta hipótesis al examen de los procesos anímicos por nosotros estudiados introducimos en nuestra labor el punto de vista económico. Una exposición que, al lado de los factores tópico y dinámico, intente incluir asimismo el económico, ha de ser la más completa que por el momento pueda presentarse y merece la calificación de metapsicología. No presenta interés alguno para nosotros investigar hasta qué punto nos hemos aproximado o agregado, con la fijación del principio del placer, a un sistema filosófico determinado e históricamente definido. Lo que a estas hipótesis especulativas nos hace llegar es el deseo de describir y comunicar los hechos que diariamente observamos en nuestra labor. La prioridad y la originalidad no pertenecen a los fines hacia los que tiende la labor psicoanalítica, y los datos en los que se basa el establecimiento del mencionado principio son tan visibles, que apenas si es posible dejarlos pasar inadvertidos. En cambio, nos agregaríamos gustosos a una teoría filosófica o psicológica que supiera decirnos cuál es la significación de las sensaciones de placer y displacer, para nosotros tan imperativas; pero, desgraciadamente, no existe ninguna teoría de este género que sea totalmente admisible.

Programa del Seminario Sigmund Freud. Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero. Madrid.




ESCUELA DE PSICOANÁLISIS GRUPO CERO
PROGRAMA DEL SEMINARIO SIGMUND FREUD
Primer Curso
A. Aproximaciones a una Teoría de la Lectura.
• Concepto de ruptura.
• Concepto de trabajo.
• Múltiple determinación y sobredeterminación.
• Tiempo real y tiempo histórico.
• La lectura como producción.
• La escritura, base material de las ciencias.
B. La interpretación de los sueños.
1-Método de la interpretación onírica.
2-El sueño es una realización de deseos.
3-La deformación onírica.
4-Material y fuentes de los sueños.
5-El trabajo del sueño.
6-El olvido de los sueños.
7-La regresión.
8-La realización de deseos.
9-Interrupción del reposo por el sueño. La función del sueño.
10-El sueño de angustia.
11-El proceso primario y el secundario. La represión.
12-Lo inconsciente y la conciencia. La realidad.
C. Reconstrucción del Período 1893-1900.
Tema 1: La histeria.
El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos.
Historiales clínicos de estudio sobre la histeria.
Emmy de N., Lucy R., Catalina, Isabel de R.
La etiología de la histeria.
Psicoterapia de la histeria.
Tema 2: Proyecto de una psicología.
Proyecto de una psicología para neurólogos.
Tema 3: La angustia.
Sobre la justificación de separar de la neurastenia un cierto complejo de síntomas a título de neurosis de angustia.
Crítica de la neurosis de angustia.
Obsesiones y fobias.
Las neuropsicosis de defensa.
Nuevas observaciones sobre las neuropsicosis de defensa.

Segundo Curso
D. Aportaciones al método de interpretación.
- Construcciones en psicoanálisis.
-El chiste y su relación con el inconsciente.
-Psicopatología de la vida cotidiana
-Escisión del yo en el proceso de defensa.
-El fetichismo.
-La negación.
-Análisis terminable e interminable.
E. Aportaciones al objeto de conocimiento.
1- Más allá del principio del placer.
2- El yo y el ello.
3- El duelo y la melancolía.
4- El problema económico del masoquismo.
5- Pegan a un niño.
6- Moisés y la religión monoteista.
7- Psicología de las masas y análisis del yo.
8- Totem y tabú.
9- Lo siniestro. Lo perecedero.
10- Los instintos y sus destinos.
11-Lo inconsciente.
12-La represión.
13- Introducción al narcisismo.
14- Los dos principios del suceder psíquico.
15- Neurosis y psicosis.
16- La pérdida de la realidad en la neurosis y en la psicosis.
17- Adición metapsicológica a la teoría de los sueños.
F. Materialidad del inconsciente: La sexualidad.
1- Tres ensayos para una teoría sexual.
2- El final del complejo de Edipo.
3- Organización genital infantil.
4- La femineidad.
5- Sobre la sexualidad femenina.
6- Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica.
7- Inhibición, síntoma y angustia.
8- La sexualidad en la etiología de la neurosis.
9- Aportaciones a la psicología de la vida erótica.
10- Fantasías sexuales infantiles.
11-La novela familiar del neurótico.
12- Sobre las transmutaciones de los instintos y especialmente del erotismo anal.
13- El poeta y la fantasía.
14- El humor.

Tercer Curso
G. Aportaciones a la técnica.
1-Recuerdo, repetición y elaboración.
2-Los recuerdos encubridores.
3-Psicoterapia, tratamiento por el espíritu.
4-Iniciación al tratamiento.
5-Los caminos de la terapia psicoanalítica.
6-El porvenir de la terapia psicoanalítica.
7-El psicoanálisis silvestre.
8-Psicoanálisis y telepatía.
9-Ejemplo de cómo los neuróticos
revelan sus fantasías patógenas.
10-Una dificultad del psicoanálisis.
11-Un ejemplo de labor psicoanalítica.
12-La dinámica de la transferencia.
13-Observaciones sobre el amor de transferencia.
14-Consejos al médico.
15-El falso reconocimiento durante el análisis.
16-Observaciones sobre el inconsciente.
17-El block maravilloso.
18-Observación sobre la teoría y la práctica de la interpretación onírica.
19-Los límites de interpretabilidad de los sueños.
20-La cabeza de Medusa.
21-Las resistencias contra el psicoanálisis.
22-Psicoanálisis y Medicina.
H. Historiales clínicos.
1- Análisis fragmentario de una histeria.
2- Análisis de la fobia de un niño de cinco años.
3 -Análisis de un caso de neurosis obsesiva.
4- Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia autobiográficamente descrito.
5- Historia de una neurosis infantil.
6- Thomas Woodrow Wilson, un estudio psicológico.
I. El porvenir de una ilusión.
1. El porvenir de una ilusión.
2. El malestar en la cultura.
J. La ilusión de un final.
Evaluación final escrita. Consistirá en la presentación de un escrito, entre 20 y 50 páginas, cuyo contenido de estilo libre, tendrá que ser articulado en algunos de sus desarrollos, con el proceso de producción grupal generado durante el tiempo del Seminario.
Abierta la matrícula todo el año

Coordinador: Miguel Oscar Menassa.
Modalidad presencial y on-line
Inscripción:
Llamar al teléfono: 91 758 19 40
actividades@grupocero.info
C/ Duque de Osuna 4
28015 Madrid

ANÁLISIS TERMINABLE E INTERMINABLE. SIGMUND FREUD. 1937



Cuadro: El espejismo del sol. Miguel O. Menassa. 2003

Análisis terminable e interminable.Sigmund Freud. 1937

I. La experiencia nos ha enseñado que la terapéutica psicoanalítica - la liberación de alguno de los síntomas neuróticos, inhibiciones y anormalidades del carácter - es un asunto que consume mucho tiempo. Por ello ya desde el principio se han hecho intentos para abreviar la duración del análisis. Tales intentos no requieren justificación y es evidente que se basan en imperativas consideraciones de razón y de conveniencia. Pero probablemente se hallaba latente en ellos un trasunto de la impaciente curiosidad con la que la ciencia médica de los primeros días consideraba a las neurosis, pensando que eran la consecuencia de invisibles heridas. Y si era necesario atenderlas, había que hacerlo lo más rápidamente posible. Un intento especialmente enérgico en esta dirección fue realizado por Otto Rank a partir de su libro El trauma del nacimiento (1924). Este autor suponía que la verdadera fuente de las neurosis es el acto del nacimiento, ya que éste lleva consigo la posibilidad de que una «fijación primaria» del niño hacia la madre no sea superada y persista como una «represión primaria». Rank esperaba que si este trauma primario era tratado en un subsiguiente análisis, la neurosis podría quedar completamente resuelta.

Así, esta pequeña parte del trabajo analítico ahorraría la necesidad del resto. Y esto podía realizarse en pocos meses. Es indiscutible que el argumento de Rank era prometedor e ingenioso, pero no resistió la prueba de un examen crítico. Más bien fue un producto de su tiempo, concebido bajo la presión del contraste entre la miseria de la postguerra en Europa y la prosperity de América, y diseñado para adaptar el tempo de la terapéutica analítica a la prisa de la vida americana. No hemos oído mucho acerca de lo que ha conseguido la innovación de Rank en casos de enfermedad. Probablemente no más que si una brigada de bomberos, llamada para acudir a una casa en llamas a consecuencia de la caída de una lámpara de aceite, se conformase con retirar la lámpara de la habitación en que se inició el fuego. No hay duda de que por este medio se hubiesen abreviado considerablemente las actividades de los bomberos. La teoría y la práctica del experimento de Rank son cosas que pertenecen al pasado, lo mismo que la propia prosperidad americana. Yo había adoptado otro modo de acelerar un tratamiento psicoanalítico ya antes de la guerra. En aquel tiempo había tomado a mi cargo el caso de un joven ruso, un hombre a quien la riqueza había echado a perder y había llegado a Viena en un estado de completo derrumbamiento, acompañado por un médico y un enfermero. En el curso de unos años fue posible devolverle una gran parte de su independencia, despertar su interés por la vida y ajustar sus relaciones con las personas que más le interesaban. Pero entonces la mejoría se detuvo.

viernes, 16 de enero de 2015

ESCISIÓN DEL YO EN EL PROCESO DE DEFENSA. SIGMUND FREUD. 1938.



 Cuadro: El lago de la esperanza. 2009. Miguel O. Menassa
Escisión del «Yo» en el proceso de defensa  - 1938 [1940]

Por un momento me encuentro en la interesante posición de no saber si lo que voy a decir debería ser considerado como algo familiar y evidente desde hace tiempo o como algo completamente nuevo y sorprendente. Me siento inclinado a pensar lo último. He sido sorprendido por el hecho de que el yo de una persona a la que conocemos como paciente en un análisis debe haberse conducido, docenas de años antes, cuando era joven, de modo notable en ciertas situaciones peculiares de presión. Podemos fijar en términos generales y bastante vagos las situaciones en que esto sucede diciendo que ocurre bajo la influencia de un trauma psíquico. Prefiero seleccionar un caso especial aislado claramente definido, aunque ciertamente no cubre todos los modos posibles de producción. Supongamos, pues, que el yo de un niño se halla bajo el influjo de una exigencia instintiva poderosa que se halla acostumbrado a satisfacer y que súbitamente es asustado por una experiencia que le enseña que la continuación de esta satisfacción traerá consigo un peligro real casi intolerable. Debe entonces decidirse, o bien por reconocer el peligro real, darle la preferencia y renunciar a la satisfacción instintiva, o bien por negar la realidad y pretender convencerse de que no existe peligro, de modo que pueda seguir con su satisfacción. Así, hay un conflicto entre la exigencia del instinto y la prohibición por parte de la realidad. Pero en la práctica el niño no toma ninguno de estos caminos o más bien sigue ambos simultáneamente, lo cual viene a ser lo mismo.

Replica al conflicto con dos reacciones contrapuestas y las dos válidas y eficaces. Por un lado, con la ayuda de ciertos mecanismos rechaza la realidad y rehúsa aceptar cualquier prohibición, por otro lado, al mismo tiempo, reconoce el peligro de la realidad, considera el miedo a aquel peligro como un síntoma patológico e intenta, por consiguiente, despojarse de dicho temor. Hay que confesar que ésta es una solución muy ingeniosa. Las dos partes en disputa reciben lo suyo: al instinto se le le permite seguir con su satisfacción y a la realidad se le muestra el respeto debido. Pero todo esto ha de ser pagado de un modo u otro, y este éxito se logra a costa de un desgarrón del yo que nunca se cura, sino que se profundiza con el paso del tiempo. Las dos reacciones contrarias al conflicto persisten como el punto central de una escisión del yo. Todo el proceso nos parece extraño porque damos por sabida la naturaleza sintetizadora de los procesos del yo. Pero en esto estamos claramente equivocados. La función sintetizadora del yo, aunque sea de extraordinaria importancia, se halla sujeta a condiciones particulares y está expuesta a gran número de trastornos.

Nos ayudará el que introduzcamos en esta disquisición esquemática una historia clínica. Un niño, cuando tenía tres o cuatro años, llegó a conocer los genitales femeninos cuando fue seducido por una niña mayor que él. Después que estas relaciones quedaron rotas, continuó la estimulación sexual practicando con celo la masturbación manual; pero fue pronto sorprendido en esto por su enérgica niñera y amenazado con la castración, cuya práctica fue atribuida, como de costumbre, al padre. Así, se hallaban presentes en este caso las condiciones calculadas para producir un tremendo efecto de susto. Una amenaza de castración en sí misma no tiene por qué producir una gran impresión. Un niño rehusará creer en ello porque no puede imaginar fácilmente la posibilidad de perder una parte de su cuerpo tan altamente estimada. Su visión (precoz) de los genitales femeninos podría haber convencido al niño que nos ocupa de tal posibilidad. Pero no dedujo de ello esta conclusión porque su desvío a hacerlo así era demasiado grande y no existía un motivo que pudiera obligarlo a tal cosa, por el contrario, si sintió algún temor fue calmado por la reflexión de que lo que le faltaba a la niña aparecería más tarde: le crecería un pene después. Cualquiera que haya observado bastantes niños pequeños podrá recordar que ha encontrado estas consideraciones a la vista de los genitales de una hermanita pequeña. Pero es diferente si los dos factores se presentan juntos. En este caso la amenaza revive el recuerdo de la percepción que hasta entonces ha sido considerada como inofensiva y encuentra en ese recuerdo la temida confirmación. Ahora el niño piensa que comprende por qué los genitales de la niña no mostraban ningún signo de pene y ya no se atreve a dudar de que sus propios genitales pueden seguir el mismo destino. A partir de entonces no puede evitar el creer en la realidad del peligro de la castración.

El resultado habitual del temor a la castración, el resultado que se considera como normal, es que, o bien inmediatamente o después de una lucha considerable, el muchacho acepta la amenaza y obedece a la prohibición, o bien completamente o por lo menos en parte (es decir, no continúa tocando sus genitales con la mano). En otras palabras, abandona, en todo o en parte, la satisfacción del instinto. Sin embargo, podemos aceptar que nuestro paciente encontrará otro camino. Creó un sustituto para el pene que echaba de menos en las hembras; es decir, un fetiche. Haciéndolo así es verdad que negaba la realidad, pero había salvado su propio pene. En tanto no se veía obligado a reconocer que las mujeres habían perdido su pene, no tenía necesidad de creer la amenaza que se le había formulado: no tenía que temer por su propio pene y así podía seguir tranquilamente con su masturbación. Esta conducta de nuestro paciente nos llama la atención porque es un rechazo de la realidad, un procedimiento que preferimos reservar para las psicosis. Y en la práctica no es muy diferente. Pero detendremos nuestro juicio, porque en una inspección más detenida descubriremos una diferencia importante. El niño no contradijo simplemente sus percepciones y creó la alucinación de un pene donde no lo había; sólo realizó un desplazamiento de valores: transfirió la importancia del pene a otra parte del cuerpo, un procedimiento en el que fue ayudado por el mecanismo de la regresión (de un modo que no necesita ser explicado). Este desplazamiento se hallaba relacionado sólo con el cuerpo femenino: en cuanto a su propio pene, nada había cambiado.

Este modo de tratar con la realidad, que casi merece ser descrito como refinado, fue decisivo respecto a la conducta práctica del niño. Continuó con su masturbación como si no implicara ningún peligro para su pene; pero al mismo tiempo en completa contradicción con su aparente intrepidez o indiferencia, desarrolló un síntoma con el que, a pesar de todo, reconocía el peligro. Había sido amenazado con ser castrado por su padre, e inmediatamente después, al mismo tiempo que con la creación de su fetiche desarrolló un intenso temor de que su padre lo castigara, el cual requería toda la fuerza de su masculinidad para dominarlo e hipercompensarlo. Este temor a su padre era silente sobre el sujeto de la castración: ayudándose por la regresión a una fase oral, asumía la forma de un temor a ser comido por su padre. Al llegar a este punto es imposible olvidar un fragmento primitivo de la mitología griega que dice cómo Cronos, el viejo dios padre, devoró a sus hijos e intentó devorar como a los demás, a su hijo menor Zeus, y cómo éste fue salvado por la fuerza de su madre y castró después a su padre. Pero, volviendo a nuestro caso, hemos de añadir que el niño produjo además otro síntoma que, aunque era leve, conservó hasta el día. Era una susceptibilidad ansiosa ante el hecho de que fuera tocado cualquiera de los dedos de sus pies, como si en todo ese vaivén de negación y aceptación fuera la castración, sin embargo, la que encontró una más clara expresión...

S. Freud