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viernes, 23 de enero de 2015

EL FETICHISMO (1927). SIGMUND FREUD

Cuadro: Navegar por navegar. (2002). Miguel O. Menassa.
El Fetichismo
En el curso de los últimos años tuve la oportunidad de estudiar analíticamente a cierto número de hombres cuya elección de objeto estaba determinada por un fetiche. No se ha de suponer que dichas personas hubiesen acudido al análisis debido a esa particularidad, pues los adeptos del fetichismo, aunque lo reconocen como anormal, sólo raramente lo consideran como un síntoma patológico. Por lo común están muy conformes con el mismo y aun elogian las ventajas que ofrece a su satisfacción erótica. Generalmente, pues, el fetiche aparecía en mis casos como una mera comprobación accesoria. Razones obvias me impiden publicar detalladamente las particularidades de estos casos, de modo que tampoco podré demostrar de qué manera la selección individual de los fetiches estaba condicionada en parte por circunstancias accidentales. El caso más extraordinario era el de un joven que había exaltado cierto «brillo sobre la nariz» a la categoría de fetiche. Esta singular elección pudo ser sorprendentemente explicada por el hecho de que había sido criado primero en Inglaterra, pasando luego a Alemania, donde había olvidado casi por completo su lengua materna. El fetiche, derivado de su más temprana infancia, debía descifrarse en inglés y no en alemán: el Glanz auf der Nase («brillo sobre la nariz» en alemán) era, en realidad, una «mirada sobre la nariz» (glance = «mirada» en inglés), o sea, que el fetiche era la nariz, a la cual, por otra parte, podía atribuir a su antojo ese brillo particular que los demás no alcanzaban a percibir.